sábado, 8 de febrero de 2014

platón salió a fumar un pucho y le hablé de esto

en este momento de la historia escribir sobre uno y para uno es ya una acción con intención extrapersonal, hay una esperanza perversa de que la escritura sea rescatada, ultrajada, "sacada a la fuerza de su oscuridad íntima" para pasar al plano de la exhibición y que los lectores, como en un hospital o una terapia, inspeccionen al desnudo nuestras composiciones más privadas y aberrantes. el monstruo que gesta desde adentro cada vómito de flores que nos empeñamos en decorar lo más vintage posible para la presentación en la mesa, expuesto en una jaula de vidrio bajo una luz de neón


y si el recurso de la escritura no es más que hablar con los otros, contarles a los otros (suponiendo incluso que no hay lector prefijado, que los otros son TODOS los seres con el ingreso y tiempo suficiente para obtener nuestro libro) los gajes  más míseros de nuestras intimidades, relatar al pie del detalle las vicisitudes de una separación e inventando infidelidades y trastornos de ser necesario, describir todos los pasos y estancamientos de una enfermedad psicológica con el objetivo de "dar el ejemplo" a futuras generaciones / como si fuera imposible sospechar que la mención de algo produce más ansia de conocerlo a fondo que un religioso rechazo / y redimirse así de la culpa de escribir por placer, estamos ante el momento más brillante y exitoso del concepto de culpa, y su impacto en la escritura no deja de ser, por lo menos, para quien ha andado urgando entre páginas y librerías, entre libros virtuales y gacetillas de poetas bonaerenses, lecturas a viva voz y colecciones baratas en los diarios, una decepeción diaria. que casi todos los libros que abrimos hablen sobre cosas que no sabemos pero sospechamos que les pasan a las personas comunes, que crean que no somos capaces de ver por la ventana como para necesitar que un libro nos pinte bien claro y con grandes tipografías el panorama actual del mundo laboral, amoroso y político nos cuenta algo: un libro, un televisor, una serie sobre cómo hacer una serie, son la repetición de la repetición, creer que se es libre por andar de acá para allá en una mamushka de frascos abiertos